dissabte, 20 d’octubre del 2007

Il messaggero delle stelle


Galileu Galilei va ser el primer en fer servir un telescopi per a mirar les estrelles. Aquí tens el relat de les seves primeres observacions dels cels amb ell (extrat del seu Messaggero delle stelle). Es tracta del descobriments dels relleus de la lluna, les llunes de Júpiter i els anells de Saturn contats en primera persona pel descubridor:
La superfície de la Lluna i dels altres cossos celestes no és de fet plana, uniforme i d'esfericitat exactíssima, tal com ha ensenyat una nombrosa cohort de filòsofs, sinó que, al contrari, és desigual, escabrosa i plena de cavitats i prominències, no d'altra manera que la pròpia faç de la Terra, que presenta aquí i allà les crestes de les muntanyes i els abismes de les valls.
[...]Els planetes presenten els seus globus exactament rodons i delineats i, com si fossin llunetes completament inundades de llum, apareixen orbiculars, mentre que els estels mai no es veuen delimitats per un contorn circular, sinó que presenten com a fulgors i amb els seus raigs vibrant al voltant i centellejant notablement. Amb la ullera de llarga vista apareixen de forma semblant a la que ofereixen a simple vista (Fixa’t que aquesta va ser segurament la primera vegada que es va utilitzar l'expressió!)

Vet aquí que el setè dia de gener del present any de mil sis-cents deu, a l'hora primera de la consegüent nit, mentre contemplava amb la ullera de llarga vista els astres celestes, va aparèixer Júpiter. Vaig percebre que l'acompanyaven tres estellets, petits sí, encara que en veritat claríssims; els quals, per més que considerés que eren del tipus dels fixes, em van produir certa admiració, ja que apareixien disposats exactament en una línia recta paral·lela a l'Eclíptica, així com més brillants que els altres de magnitud semblant. [...] Tenim quatre estrelles que, com la Lluna al voltant de la Terra, els nostres sentits ens ofereixen girant entorn de Júpiter, alhora que tots ells recorren junt amb Júpiter una gran òrbita entorn del Sol en el lapse de dotze anys.
L'estel de Saturn no és com el sol, sinó un agregat de tres que gairebé es toquen i que mai no es mouen o es muden entre si; estan disposats en fila al llarg del Zodíac, sent el central tres vegades més gran que els altres dos laterals.(1611)
...L’he trobat solitari, sense l'assistència dels acostumats estels, i en suma, perfectament rodó i delimitat com Júpiter.(1612)
...Els dos companys seus ja no són dos petits globus perfectament rodons com abans, sinó que ara són cossos molt més grans i de forma no rodona, dos migs eclipsis amb dos triangulets fosquíssims enmig de les esmentades figures contigües al globus central de Saturn que es veu com sempre s'ha vist, perfectament rodó.(1616)

La mera existència dels satèl·lits de Júpiter era ja un cop molt important al model tradicional (ja que s’afirmava que els cossos celestes havien de ser exactament set). A més, el fet que aquest satèl·lits orbitessin sobre Júpiter implicava que la Terra no era l’únic centre. A més a més, les observacions sobre la il·luminació dels planetes pel sol deixaven clar que giraven al voltant del sol, i no de la terra. Veiem una de les objeccions del moment a la possibilitat de que hagués més de set objectes celestes, on es veu la manera d’argumentació i les raons de molts científics d’aleshores:

Hi ha set finestres al cap: dos orificis al nas, dos ulls, dues oïdes i una boca; així, als cels hi ha dues estrelles favorables, dues no propícies, dues lluminàries i, Mercuri, només, indecís i indiferent. D'aquest i molts altres simples fenòmens de la Naturalesa, tals com els set metalls, etc., que seria tediós enumerar, arribem en la conclusió que el nombre de planetes és, necessàriament, set... A més, els jueus i altres antigues nacions, així com les europees modernes, han adoptat la divisió de la setmana en set dies i les han denominat segons els set planetes; si incrementem aquest nombre tot el sistema falla... Així mateix els satèl·lits són invisibles a simple vista i, per tant, no poden tenir influència sobre la Terra, són inútils i, en conseqüència, no existeixen. Francesco Sizzi, astrònom florentí (1611)

dijous, 4 d’octubre del 2007

La més bella metàfora sobre l'amor

"El banquet, o de l'amor" és segurament el més bell dels diàlegs de Plató. Tracta d'un sopar on els comensals decideixen parlar sobre què és l'amor, i cada convidat explica la seva opinió. A continuació teniu el discurs d'Aristófanes, una de les metàfores més evocadores i poètiques sobre l'amor que mai s'han escrit. Teniu en compte que no es tracta pas de l'opinió de Plató, la qual expressa més endavant a travès del discurs que farà Sòcrates. Som-hi. Gaudiu-lo.

Pero, primero, es preciso que conozcan la naturaleza humana y las modificaciones que ha sufrido, ya que nuestra antigua naturaleza no era la misma de ahora, sino diferente. [...] La forma de cada persona era redonda en su totalidad, con la espalda y los costados en forma de círculo. Tenía cuatro manos, mismo número de pies que de manos y dos rostros perfectamente iguales sobre un cuello circular. Y sobre estos dos rostros, situados en direcciones opuestas, una sola cabeza, y además cuatro orejas, dos órganos sexuales, y todo lo demás como uno puede imaginarse a tenor de lo dicho. [...]
Eran tres los sexos y de estas características, porque lo masculino era originariamente descendiente del sol, lo femenino, de la tierra y lo que participaba de ambos, de la luna, pues también la luna participa de uno y de otro. Precisamente eran circulares ellos mismos y su marcha, por ser similares a sus progenitores.
Eran también extraordinarios en fuerza y vigor y tenían un inmenso orgullo, hasta el punto de que conspiraron contra los dioses. Y lo que dice Homero de Esfialtes y de Oto se dice también de ellos: que intentaron subir hasta el cielo para atacar a los dioses. Entonces, Zeus y los demás Dioses deliberaban sobre qué debían hacer con ellos y no encontraban solución. Porque, ni podían matarlos y exterminar su linaje, fulminándolos con el rayo como a los gigantes, pues entonces se les habrían esfumado también los honores y sacrificios que recibían de parte de los hombres, ni podían permitirles tampoco seguir siendo insolentes. Tras pensarlo detenidamente dijo, al fin, Zeus: Me parece que tengo el medio de cómo podrían seguir existiendo los hombres y, a la vez, cesar de su desenfreno haciéndolos más débiles. Ahora mismo, dijo, los cortaré en dos mitades a cada uno y de esta forma serán a la vez más débiles y más útiles para nosotros por ser más numerosos. Andarán rectos sobre dos piernas y si nos parece que todavía perduran en su insolencia y no quieren permanecer tranquilos, de nuevo, dijo, los cortaré en dos mitades, de modo que caminarán dando saltos sobre una sola pierna. [...]

Así, pues, una vez que fue seccionada en dos la forma original, añorando cada uno su propia mitad se juntaba con ella y rodeándose con las manos y entrelazándose unos con otros, deseosos de unirse en una sola naturaleza, morían de hambre y de absoluta inacción, por no querer hacer nada separados unos de otros. Y cada vez que moría una de las mitades y quedaba la otra, la que quedaba buscaba otra y se enlazaba con ella, ya se tropezara con la mitad de una mujer entera, lo que ahora llamamos precisamente mujer, ya con la de un hombre, y así seguían muriendo.
Compadeciéndose entonces Zeus, inventa otro recurso y traslada sus órganos genitales hacia la parte delantera, pues hasta entonces también éstos los tenían por fuera y engendraban y parían no los unos en los otros, sino en la tierra, como las cigarras. De esta forma, pues, cambio hacia la parte frontal sus órganos genitales y consiguió que mediante éstos tuviera lugar la generación en ellos mismos, a través de lo masculino en lo femenino, para que si en el abrazo se encontraba hombre con mujer, engendraran y siguiera existiendo la especie humana, pero, si se encontraba varón con varón, hubiera, al menos, satisfacción de su contacto, descansaran, volvieran a sus trabajos y se preocuparan de las demás cosas de la vida.
Desde hace tanto tiempo, pues, es el amor de los unos a los otros innato en los hombres y restaurador de la antigua naturaleza, que intenta hacer uno solo de dos y sanar la naturaleza humana. Por tanto, cada uno de nosotros es un símbolo de hombre, al haber quedado seccionado en dos de uno solo, como los lenguados. Por esta razón, precisamente, cada uno está buscando siempre su propio símbolo. En consecuencia, cuantos hombres son sección de aquél ser de sexo común que entonces se llamaba andrógino son aficionados a las mujeres, y pertenece también a este género la mayoría de los adúlteros; y proceden también de él cuantas mujeres, a su vez, son aficionadas a los hombres y adúlteras. Pero cuántas mujeres son sección de mujer, no prestan mucha atención a los hombres, sino que están inclinadas a las mujeres, y de este género proceden también las lesbianas. Cuántos, por el contrario, son sección de varón, persiguen a los varones [...] Cuando se encuentran con aquella autentica mitad de si mismos [...] quedan entonces maravillosamente impresionados por afecto, afinidad y amor, sin querer, por así decirlo, separarse unos de otros ni siquiera por un momento. Éstos son los que permanecen unidos en mutua compañía a lo largo de toda su vida, y ni siquiera podrían decir qué desean conseguir realmente unos de otros. Pues a ninguno se le ocurriría pensar que ello fuera el contacto de las relaciones sexuales y que, precisamente por esto, el uno se alegra de estar en compañía del otro con tan gran empeño. antes bien, es evidente que el alma de cada uno desea otra cosa que no puede expresar, si bien adivina lo que quiere y lo insinúa enigmáticamente.
[...] Amor es, en consecuencia, el nombre para el deseo y la persecución de esa integridad. Antes, como digo, éramos uno, pero ahora por nuestra iniquidad, hemos sido separados por la divinidad, como los arcadios por los lacedemonios. Existe, pues, el temor de que, si no somos mesurados respecto a los dioses, podamos ser partidos de nuevo en dos y andemos por ahí como los que están esculpidos en relieve en las estelas, serrados en dos por la nariz, convertidos en téseras.